Un niño estudioso, bueno, afectuoso... de principios del siglo XX.
En esta foto lo vemos con su hermana Teresa. ¡Con qué cariño la mira! ¿verdad?
| Empezó la carrera de ingeniero de caminos. Como su familia estaba pasando apuros económicos, él optó por simultanear esta con otra más corta, para empezar a trabajar cuanto antes y ayudar en casa. Cuenta su hermano pequeño una anécdota que me gusta especialmente: Un día, jugando, se le cayó un tintero en los dibujos que, a lo largo de casi todo un curso, Álvaro debía presentar. Carlos se asustó al ver el daño - involuntario- que había hecho a su hermano y esperaba con cierto temor que este llegara a casa y viera el estropicio. Para su sorpresa, Álvaro reaccionó con pena, pero también con serenidad. Lo sentó en sus rodillas y le explicó con cariño y tranquilidad las horas que había empleado en esos trabajos y que, por precipitación en el juego, habían quedado inservibles. Cuando estalló la guera civil española, su padre fue encarcelado y los apuros de la familia, ya no solo monetarios, aumentaron. Él también pasó varios meses en la cárcel. Terminó la carrera con buenas notas y empezó a trabajar. Por otro lado, ocurrió algo importante: descubrió cuál era la misión que Dios quería para su vida. Cuál era el sentido y orientación de toda su existencia. A partir de ese momento empleó todo su tiempo, energía, afectos, inteligencia... a seguir y cumplir esa misión. Se ordenó sacerdote, junto con otros dos ingenieros (que, en aquella época eran el "no va más" y "buenos partidos", como se decía entonces.) Una de sus principales virtudes era la paz y la alegría, basadas en una confianza absoluta en Dios. Y ahora os cuento mi recuerdo personal: cuando yo tenía 31 años, en agosto estuve unos días ingresada en la Clínica Universitaria de Navarra. Este sacerdote del que estoy hablando me fue a visitar, acompañado por otras personas. NO recuerdo bien qué me dijo, pero sí la sensación de tranquilidad y buen humor que me transmitió, así como su mirada cariñosa. ¿Y por qué os hablo hoy de él? Porque es ¡su cumpleaños! y lo celebramos en muchas partes del mundo. Cumpliendo esa misión que Dios le encomendó, ayudó a miles de personas a ser mejores personas, en todos los ámbitos. Yo soy una de ellas. Además, impulsó labores de promoción educativa, social y sanitaria en todos los continentes. Y... ¿cuántos años cumple? ¡¡100!! ochenta en esta vida y 20 en la eterna. Podéis ver un vídeo de pocos minutos en: |
¡¡Felicidades, don Álvaro!!
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