martes, 31 de diciembre de 2013

UNA BUENA INVERSIÓN.
Desde que tenía 18 años, una vez al año dedico unos días exclusivamente a Dios: 
a hablar con Él, a meditar, reorganizar mi vida, leer con calma textos de la Biblia... Por supuesto, Misa cada día, meditaciones dirigidas por un sacerdote. Es lo que se conoce como ejercicios espirituales o Curso de Retiro. Ejercitar el componente espiritual, del mismo modo que cuidamos el cuerpo.

Así lo hacen muchas personas , cristianas o no. Lógicamente mayor número de las primeras.
Como generalmente muchos vivimos con ruido alrededor, agitación, más acción que reflexión... viene muy bien ¡parar un poco!
Hace unos meses leí las palabras de una novelista:
"Para mi fortalecimiento espiritual, durante unos días permanezco en silencio."
Y el Papa hace poco decía que las Navidades, en algunos sitios, son fiestas "ruidosas" y nos animaba a dedicar un tiempo a la oración.

Quizá a algunos esto no les resulte demasiado atractivo. Y es comprensible. A mí también me cuesta esfuerzo, como casi todo lo que vale la pena, pero no es placentero a corto plazo:
antes y durante ese Curso puede haber momentos en que me parece que ya no tengo nada más en qué pensar o rezar. 
¡Menos mal que luego siempre me alegro y considero que es una BUENA INVERSIÓN!

Mañana por la noche empiezo un Curso de Retiro o Ejercicios espirituales, que termina el 6 por la mañana.
Por este motivo, intentar sumergirme en una atmósfera espiritual y conectar con lo divino, me ausentaré del blog hasta ese día.
Me despido hasta entonces con mis mejores deseos para cada uno.

lunes, 30 de diciembre de 2013

UNA SONRISA PARA RECIBIR EL NUEVO AÑO.

Estos días unos y otros nos deseamos un feliz año, lo vemos y escuchamos en los Medios...
A veces, ya en un nivel coloquial:
"A ver si 2014 se porta bien." "Ojalá nos traiga cosas buenas."
"Que venga con salud, paz, felicidad..."
Todo eso está, en mi opinión, bien, pero no sé si podemos llegar a convertir el año nuevo en un ser abstracto que determina nuestro futuro.
Sabemos - y me lo recuerdo a mí misma- que los deseos son un excelente primer paso, siempre y cuando los concrete y los ejecute: pasito a paso, por supuesto. Llegar a adquirir o a fortalecer esos hábitos estables que facilitan el ejercicio del bien. (Cultivar virtudes.)
Es decir, que el año será, en buena medida, lo que yo misma siembre. Habitualmente recogemos lo que plantamos.
Evidentemente, hay muchas circunstancias externas que no dependen de uno mismo. Sí puedo elegir la actitud con que voy a recibirlas: 
como un contratiempo que me frena o como una oportunidad de CRECER, de MEJORAR en algún aspecto.

Paso de la teoría a la práctica, en mi caso concreto. 
Hace un año, por estas fechas, no sabía que estaba enferma, no sabía que el enemigo se había instalado en la pleura del pulmón izquierdo y crecía en forma de implantes tumorales. 
Yo estaba "ocupadísima" con trabajo y tareas variadas que me parecían importantes.
Unos días después cambiaron las prioridades.
En enero recibí el diagnóstico y fue algo positivo, pues me ha permitido:
vivir un año más y, sobre todo, mejorar mi perspectiva de la vida, intensificar el trato con Dios, redescubrir su gran Amor, llenándome de gozo y paz. Además, he recibido y recibo innumerables muestras de apoyo, vuestro cariño... que tanto agradezco.
Como es natural, también he sufrido, he llorado: 
unas veces por el miedo, alguna por dolor y muchas... ¡emocionada! Emocionada por una experiencia en la que se combinan el sufrimiento y la paz: emocionada al palpar interés y afecto de cada uno de vosotros. de tantas personas.
Todo esto ha sido y es una oportunidad para intentar ser más fuerte, más humilde, comprensiva; para desprenderme de mis proyectos y planes y vivir al día, confiada en que el futuro está en las MEJORES manos.

Por esto y por muchas cosas más, recibo al 2014 con una sonrisa en el alma y, por supuesto, deseando para cada uno de nosotros una siembra generosa de muchos pequeños actos buenos. 
Así generamos microcosmos que contribuyen a mejorar el mundo.
NO PUEDO CAMBIAR EL MUNDO y SÍ PUEDO MEJORAR un pequeño componente: ¡yo!


sábado, 28 de diciembre de 2013


Arriba, de izquierda a derecha: la bahía de Acapulco desde la Capilla Ecuménica La Paz, grabados en Palma Sola, la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad, Mural en mosaico de Diego Rivera en la Casa de los Vientos, el Fuerte de San Diego, los saltos en La Quebrada, la playa La Condesa, la zona turística de Acapulco Dorado, y la zona turística de Acapulco Diamante

ACAPULCO Navidad 1963- OVIEDO Navidad 2013.

Os preguntaréis qué relación puede haber entre una Navidad y otra, tan distintas:
En Acapulco , uno de los principales destinos turísticos de México,  temperatura media en diciembre de unos 25º, sol, playa...















En Oviedo, capital del Principado de Asturias (España), unos cuantos grados menos de temperatura, aproximadamente  200.000 habitantes, entre otras diferencias...





Por otra parte, y volviendo al título de esta entrada del blog, vamos a fijarnos en las fechas:
1963 y 2013: ¡cincuenta años de diferencia! ¡Medio siglo...!








La respuesta se encuentra en estas fotografías:




Mi hermano Ricardo, María - su mujer- y su hija  vinieron a verme. Me hizo MUCHA ilusión.



Sí: es el mismo que en la primera foto.
El niño que entra en el mar de la mano de su hermana.


viernes, 27 de diciembre de 2013

¡HOLA!
Como os ocurrirá a muchos de vosotros, estos días son bastante ... ¡moviditos! ¿no?
Celebraciones, visitas a familares, amigos, compras...
Yo no tengo una intensa vida social y aún así ¡no paro! Por eso estoy escribiendo menos.
Al menos quiero responder a vuestro interés y visitas al blog, contando que, en el quinto día de este ciclo de químio, estoy bastante bien físicamente y MUY BIEN anímica y espiritualmente.
Así que doy gracias a Dios y a todos los que, de un modo u otro, me apoyáis.
Os propongo una ayudita concreta:
Cuando veáis un Niño Jesús, me gustaría que le pidiérais:
"Jesús, cuida a Teresa." 

miércoles, 25 de diciembre de 2013

FELICITACIONES.
Agradezco mucho todas las recibidas y noto el cariño de cada una.
Hace un momento me ha llegado la última con este sabio consejo:
"Que no perdamos la ESENCIA DE LA NAVIDAD."
¡Es verdad! ¿Y cuál es la esencia?
Algo que hemos visto y oído tantísimas veces, que corremos el riesgo de la rutina. Hablo en plural, pero ya sé que hay muchos grados y diferentes vivencias.
Me gustaría recuperar el asombro y saber transmitirlo.




    

lunes, 23 de diciembre de 2013



¡¡FELIZ NAVIDAD 2013!!
Me gustaría decir algo original, novedoso ...
¡Sí! no es cuestión de palabras, sino de redescubrir la novedad de algo ETERNO, de
"dejarnos sorprender por Dios" (Papa Francisco)
Dios Niño.
¡Bienvenido!



miércoles, 18 de diciembre de 2013

VIVIR PARA SIEMPRE.
Copio un texto que me ha gustado y ayudado. Lo comparto con vosotros.
Lo único mío son los subrayados y algún corte. (Por resumir y quedarnos con LO ESENCIAL.)


              Se ha dicho que en el fondo de todos los miedos está el de morir. 
            Nos resistimos a desaparecer del mundo y penetrar en lo desconocido. Esto se explica porque, de un lado, la vida nos proporciona la experiencia de que todos morimos, y, por otra parte, nadie ha vuelto del más allá para contarnos qué pasa. Además, está la separación de los seres queridos.
            También el cine actual, como en la película “Más allá de la vida” (Hereafter, Clint Eastwood 2010), se pregunta por lo que hay después y por la comunicación con los que se han muerto, sólo que sin nombrar a Dios; en algún momento se evoca la fe cristiana, pero de un modo desleído y poco convincente. Sin embargo, la inquietud sigue en pie, y toda la película es testimonio de ello.
            
            San Agustín, que trató el tema, concluye que en el fondo sólo queremos una cosa, llámese la vida bienaventurada o, simplemente, la felicidad. 
           “De algún modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte”. Querríamos eternizar “el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad.... el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y el después– ya no existe”. Este momento sería “la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría”.

(Benedicto XVI, en su encíclica sobre la Esperanza.)
            La fe en la vida del más allá no es, ciertamente, exclusiva del cristianismo. Las religiones la sostienen. Lo que es propio de la fe bíblica es la resurrección de los muertos. Es decir, la fe en que, al final del tiempo y de la historia, recuperaremos nuestros cuerpos para ser nosotros mismos de nuevo; y, si hemos superado el examen sobre el amor (San Juan de la Cruz), vivir para siempre. 
No se trata de la reencarnación (tomar “otra” carne u otra figura, vivir la vida de otra persona), sino de tomar nuestra misma carne.
            En la canción que Eric Clapton compuso a su hijo de cuatro años –que en 1991 cayó de un 53º piso en New York– le preguntaba: “¿Sabrías mi nombre si te viera en el Cielo? ¿Sería lo mismo si nos encontrásemos en el Cielo?” (Tears in Heaven). 
Sí, los cristianos tenemos esperanza en que nos encontraremos con los seres queridos en la comunión de la familia de Dios, así como esperamos en una justicia definitiva y en la renovación del mundo.
            Es importante insistir en que la esperanza cristiana nada tiene que ver con el individualismo. Ya en esta vida –escribe Benedicto XVI– “ningún ser humano es una mónada cerrada en sí misma. Nuestras existencias están en profunda comunión entre sí, entrelazadas unas con otras a través de múltiples interacciones. Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo. En mi vida entra continuamente la de los otros: en lo que pienso, digo, me ocupo o hago. Y viceversa, mi vida entra en la vida de los demás, tanto en el bien como en el mal”.
            Alcanzar la fuente del conocimiento y del amor. Entrar en comunión personal con la Verdad y el Bien, la Belleza y la Vida plena, junto con todos los que han llegado a ella en una misma familia. De ahí que todas las expresiones (visión de Dios “cara a cara”, belleza inimaginable, novedad incesante…) se quedan cortas para hablar de lo que nos espera.
            No es un consuelo fácil la esperanza cristiana, ni una evasión de los compromisos aquí abajo. Al contrario, implica la responsabilidad por el mundo entero, hasta la cruz, con la serenidad e incluso el gozo de quien sabe que todas las cosas, hasta las más pequeñas, pueden hacerse eternas por el amor.
            “La muerte —escribió Gustave Thibon— nos espera, según la altura de nuestros deseos, como una novia o como un verdugo, y de todos los actos de nuestra alma sólo subsistirá nuestra participación en aquello que, por no proceder del tiempo, no morirá con él. Cronos únicamente devora a sus propios hijos” (Nuestra mirada ciega ante la luz, Rialp, 1973).
Y recoge las palabras de Santa Catalina de Siena a una persona abrumada por el peso de las tareas temporales: “Somos nosotros quienes las hacemos temporales, porque todo procede de la bondad divina”. Así, concluye Thibon, “todo lo que no es eternidad recuperada, es tiempo perdido”.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
  
(Publicado en www.religionconfidencial.com, 24-XI-2010)